Las Huellas del Silencio: Capítulo 2: Las Sombras que Persiguen
Los días se convirtieron en una rutina extrañamente cómoda. Elias ayudaba a Sahara a mantener el oasis, reparando la pequeña cabaña de adobe y recolectando dátiles. Por las noches, sentados alrededor de una pequeña fogata, el silencio entre ellos se llenaba de confesiones no dichas.
'¿Por qué un hombre como tú elige el desierto?' preguntó Sahara una noche, mientras las llamas danzaban reflejándose en sus ojos.
Elias miró sus propias manos, marcadas por el tiempo y los errores. 'A veces, uno necesita perderse para encontrarse. O tal vez solo para escapar'.
'El desierto no es escape', dijo ella suavemente. 'Es espejo. Te muestra quien eres realmente, sin máscaras'.
Una tormenta de arena se acercaba en el horizonte, una pared marrón que avanzaba lentamente. Mientras preparaban el refugio, Elias notó cómo las manos de Sahara temblaban ligeramente.
'No temas las tormentas', dijo él, sorprendido por su propio instinto protector. 'He sobrevivido a peores'.
'No temo a la tormenta', susurró ella, 'sino a lo que revela cuando pasa'.
Cuando la tormenta los alcanzó, el mundo se volvió un caos de viento y arena. En la oscuridad de la cabaña, con el sonido del desierto enfurecido como telón de fondo, Elias contó por primera vez sobre la familia que había perdido, sobre la culpa que cargaba como una losa. Sahara escuchó en silencio, sus ojos brillando en la penumbra.