Las Huellas del Silencio: Capítulo 1: El Refugio de la Arena
El sol del mediodía caía como plomo fundido sobre las dunas. Elias caminaba con dificultad, sus botas hundiéndose en la arena caliente con cada paso. El viento cantaba una melodía áspera que arrastraba partículas de polvo que se pegaban a su piel sudorosa. Llevaba tres días sin ver a otro ser humano, y prefería que así fuera.
'Quizás aquí, en este silencio infinito, pueda olvidar', pensaba mientras ajustaba el pañuelo que protegía su rostro del sol abrasador. De repente, en el horizonte tembloroso por el calor, divisó lo que parecía una ilusión: palmeras que se mecían suavemente.
Al acercarse, confirmó que era real. Un oasis, pequeño pero vibrante, con agua cristalina que reflejaba el cielo azul intenso. Y junto al agua, una figura sentada en la sombra de una palmera.
'No esperaba compañía', dijo la mujer sin levantar la vista, sus dedos trazando círculos en el agua.
Elias se detuvo, indeciso. 'Solo busco agua. No molestaré'.
'El desierto no pertenece a nadie', respondió ella, finalmente alzando unos ojos del color de la miel que parecían ver directamente a su alma. 'Soy Sahara. El oasis es refugio para todos los que el desierto decide perdonar'.
Elias bebió con avidez, sintiendo el agua fresca recorrer su garganta reseca. Por primera vez en semanas, no se sintió completamente solo.