Las Huellas del Silencio: Capítulo 3: Verdades Enterradas
La mañana después de la tormenta reveló un desierto transformado. Las dunas habían cambiado de forma, enterrando algunos caminos y revelando otros. Mientras caminaban para evaluar los daños, Sahara se detuvo abruptamente frente a una duna que la tormenta había erosionado.
Allí, semienterrado en la arena, yacía el esqueleto de un automóvil antiguo, oxidado y destrozado.
'No', susurró Sahara, llevándose las manos a la boca. Sus piernas cedieron y cayó de rodillas en la arena.
Elias corrió hacia ella. '¿Qué pasa? ¿Estás bien?'
'Es el coche de mi hermano', dijo con voz quebrada. 'Desapareció aquí hace cinco años. Yo... yo estaba con él esa noche'.
Mientras Sahara lloraba, contó la historia que había guardado tanto tiempo: la pelea con su hermano, cómo había salido del coche enfadada y caminado hacia el desierto, cómo la tormenta que siguió le impidió regresar, cómo había sobrevivido milagrosamente y vivido con la culpa desde entonces.
'Por eso entiendo tu dolor, Elias', dijo, secándose las lágrimas con el dorso de la mano. 'Porque cargo con el mismo peso'.
Elias la tomó de la mano, y por primera vez no se sintió solo en su sufrimiento. El desierto había unido a dos almas rotas, mostrándoles que la redención no estaba en el olvido, sino en el perdón.