El Gran Desastre del Circo Melancólico: Capítulo 2: El Espectáculo debe Continuar (Aunque Nadie lo Vea)

La función comenzó con solo quince espectadores dispersos en las gradas. Lorenzo entró tropezando con sus propios zapatos, lo que provocó risitas entre los niños. '¡Buenas noches, seres queridos!', gritó con voz quebrada por la emoción. 'Hoy les mostraré que la vida es como mi nariz... siempre desinflándose'. Su rutina involucraba intentar inflar globos que explotaban sistemáticamente, mojar flores que supuestamente escupían agua y caerse de un monociclo imaginario. Cada fracaso era acompañado por sollozos genuinos que, paradójicamente, hacían reír al público. Mientras, Aurelio preparaba su acto en las alturas. 'Respira, Aurelio, solo son quince personas', se decía a sí mismo, pero sus manos temblaban como hojas en tormenta. Cuando llegó su turno, subió a la cuerda floja con la elegancia de un gato borracho. 'Miren cómo desafío la gravedad y mi propia incompetencia', anunció. Cada paso era una batalla entre su perfeccionismo y su pánico, creando una coreografía involuntariamente cómica de tropiezos recuperados milagrosamente.