El Eco de Tu Ausencia: Capítulo 4: Los Cielos que Construimos Juntos

El avión despegaba en ocho horas. Alex subió al tejado por última vez, encontrando no el espacio vacío que esperaba, sino un mural que le detuvo el corazón. Era él, pero diferente: sin corbata, riendo, con la ciudad como un sueño a sus pies. Y junto a él, Luna, sus manos entrelazadas. 'Me equivoqué', dijo su voz detrás de él. Giró y allí estaba, con una maleta y lágrimas secas en las mejillas. 'El arte más valioso no está en las galerías, sino en los espacios que creamos con otros'. Alex tomó su rostro entre sus manos, sus pulgares limpiando las huellas de sal. 'Quedate', suplicó, su orden favorita convertida en petición. 'Construyamos algo que dure más que el cemento'. Bajo las estrellas que empezaban a vencer a la contaminación lumínica, se besaron como si fuera la primera y última vez, sabiendo que sería ninguna de las dos. El sonido de la ciudad se convirtió en la banda sonora de su nuevo comienzo.