El Eco del Silencio: Capítulo 4: El Eco de la Verdad

La capilla familiar estaba silenciosa, iluminada solo por las velas que Elena había encendido frente a las lápidas de su padre y hermana. Don Antonio se sentó a su lado en el banco de madera desgastada.

'Tu padre amaba a Isabel más que a su propia vida,' comenzó el anciano. 'Pero cuando supo que quería irse con el hijo de los Rojas... nuestra familia y la suya llevaban tres generaciones enemistadas. Temía que la historia se repitiera.'

'¿Qué historia?'

'La de tu abuela y el abuelo Rojas. Se amaron en secreto, pero las familias los separaron. Ella murió de tristeza, dicen. Tu padre juró proteger a sus hijas de ese destino.'

Elena observó las llamas danzantes. 'En lugar de protegerla, la empujó al abismo.'

'El miedo hace que la gente buena cometa errores terribles,' susurró Don Antonio.

Al amanecer, Elena caminó hasta el acantilado donde Isabel había encontrado su final. No sintió rabia, sino una tristeza profunda y comprensiva. Sacó el anillo de la bolsa y lo dejó caer sobre el valle, un símbolo de amor que nunca pudo ser.

'Descansa en paz, hermana,' murmuró al viento. Al regresar al pueblo, pasó frente a la casa de los Rojas y por primera vez en veinte años, intercambió un saludo con el hombre que ahora la habitaba.

Algunos ecos, comprendió, merecen ser escuchados antes de que el silencio los venza para siempre.