El Eco del Silencio: Capítulo 2: Las Cartas del Ático
El ático olía a madera vieja y recuerdos olvidados. Elena encendió la linterna, revelando baúles y muebles cubiertos por sábanas como fantasmas domésticos. En el rincón más alejado, encontró la caja de cedro que buscaba.
Al abrirla, el aroma a lavanda y papel antiguo la transportó instantáneamente a su infancia. Dentro, descubrió no solo los documentos que necesitaba, sino un manojo de cartas atadas con una cinta descolorida. La letra era inconfundible: Isabel.
'Querida Elena,' leía la primera, fechada apenas un mes antes del accidente. 'Papá dice que debo olvidar mis sueños de la ciudad, que mi lugar está aquí. Pero tú me entendías, ¿verdad? Tú sabías que algunas alas están hechas para volar lejos de este valle.'
Cada carta revelaba una Isabel que Elena apenas reconocía: no la hermana rebelde de sus recuerdos, sino una joven atrapada entre el deber y el deseo. La última carta, sin fecha, contenía solo una frase: 'Si algo me pasa, busca bajo el manzano torcido.'
Elena bajó las escaleras con las manos temblorosas. Don Antonio la esperaba en la cocina, preparando té.
'Encontré las cartas de Isabel,' dijo, colocándolas sobre la mesa de pino.
El anciano suspiró profundamente. 'Algunas verdades duelen más que el silencio, Elena.'