El Eco de las Sombras: Capítulo 4: El Silencio que Cura
Elena comprendió que luchar era inútil. En lugar de resistir, se sentó en el centro de la cámara y cerró los ojos. 'No voy a temerte', murmuró. 'Eres parte de esta ciudad, como yo soy parte de la superficie.' Las sombras vacilaron, su movimiento agresivo disminuyendo. Comenzó a hablar, no con miedo, sino con compasión, compartiendo sus memorias voluntariamente en lugar de permitir que fueran robadas. El doble sombrío se desvaneció, transformándose en una neblina tranquila. Samuel observó con asombro. 'Nadie había hecho eso antes.' Las paredes dejaron de sudar recuerdos, y en su lugar comenzaron a absorber la paz que Elena proyectaba. Al salir, la ciudad subterránea parecía diferente—las sombras seguían allí, pero ahora se movían con calma, como guardianes en lugar de depredadores. Elena selló la entrada, sabiendo que algunos ecos merecen permanecer en silencio.