El Eco del Subsuelo: Capítulo 1: El Primer Eco

La lluvia golpeaba los cristales de la oficina de Valeria mientras estudiaba los planos del proyecto de renovación del distrito histórico. 'Deben existir cámaras sin registrar', murmuró, sus dedos trazando líneas invisibles sobre el papel amarillento. Esa noche, mientras inspeccionaba los cimientos de un edificio abandonado, encontró la entrada: una puerta de hierro oxidado casi invisible entre la hiedra. Al descender, el aire cambió—se volvió denso, cargado con el olor a tierra húmeda y tiempo estancado. En la primera cámara, vio algo imposible: la silueta borrosa de un hombre repitiendo los mismos movimientos, como un holograma de humo. Cuando extendió la mano, una voz susurró a su espalda: 'No debes perturbar los ecos'. Al girar, solo encontró oscuridad y el sonido de pasos alejándose.

'¿Estás segura de lo que viste?', preguntó el inspector Markov al día siguiente, su cuaderno abierto sobre la mesa de café de Valeria. 'No eran alucinaciones. El aire... vibraba', insistió ella, aún sintiendo el frío residual en sus huesos. Markov cerró el cuaderno lentamente. 'Hay leyendas sobre esos túneles. Desapariciones que nunca resolvimos'. Mientras hablaban, Valeria notó que las fotografías en la pared del inspector mostraban a personas desaparecidas décadas atrás—y reconoció a una de las siluetas que había visto en el subsuelo.