El Eco de las Piedras Malditas: Capítulo 4: El Silencio de los Ecos

Víctor comprendió que no podía destruir el castillo, pero tal vez podía alterar su naturaleza. Recordó su especialidad: no solo restaurar, sino reinterpretar. Trabajó tres días y tres noches, no eliminando las inscripciones, sino añadiendo nuevas. Grabó nombres de personas que habían muerto en actos de bondad fuera del castillo, historias de amor y sacrificio, poemas sobre la esperanza. Al principio, el castillo se resistió violentamente - las piedras sangraban ácido, los pasillos se retorcían como intestinos - pero gradualmente, las nuevas memorias comenzaron a mezclarse con las antiguas. La última noche, Víctor talló su propio nombre junto a las palabras 'eligió recordar la luz'. Un silencio repentino cayó sobre Piedrasangre, el primero en ocho siglos. Luego, un nuevo sonido emergió: no gritos de agonía, sino un coro suave de risas y susurros amorosos. Isolda apareció sonriendo por primera vez. 'Has curado al paciente', dijo. Víctor se quedó como nuevo custodio, no prisionero, sino sanador. Las piedras ahora recordaban toda la gama humana, no solo el dolor. Y en las noches quietas, si prestabas atención, podías escuchar al castillo susurrando no maldiciones, sino historias de redención.