Secretos en el Bazar: Capítulo 2: El rastro de las imitaciones

A medida que la noche caía sobre el Gran Bazar, Selin y Emre se encontraban sentados en un pequeño café escondido entre dos grandes tiendas de textiles, compartiendo un par de tazas de té turco. La conversación fluía mientras Selin exponía los detalles de los sabotajes que había sufrido.

—Comenzó hace unas semanas —relató Selin, revolviendo el té con un movimiento pensativo—. Primero fue una cliente habitual quejándose de la calidad de un collar que había comprado. Al principio pensé que era un error aislado, pero entonces más quejas empezaron a llegar.

Emre asintió, escuchando atentamente. —¿Y encontraste alguna pista en tus propias investigaciones?

—Solo esto —dijo Selin, sacando la joya falsa de su bolso y pasándosela a Emre.

Él la examinó bajo la tenue luz, su mirada aguda captando los defectos. —Esto es una imitación barata, no cabe duda. El trabajo es tosco, no tiene la precisión de tus diseños.

—Exacto. Y todas las piezas falsas provienen del mismo material. Necesito saber quién está suministrando esto y por qué.

Emre reflexionó un momento, luego sugirió: —Deberíamos empezar por los proveedores de materiales en el bazar. Alguien debe estar vendiendo estos metales y piedras falsas.

—Pero el bazar es enorme, ¿cómo empezamos?

—Conozco a algunos de los proveedores —respondió Emre—. Podemos hablar con ellos mañana. Algunos son viejos amigos, confiarán en mí.

Al día siguiente, Selin y Emre comenzaron su investigación visitando a varios proveedores. Aunque la mayoría se mostraba cooperativa, no lograban encontrar ninguna pista sólida. Sin embargo, al visitar un pequeño proveedor en una esquina menos transitada del bazar, un comentario casual los puso sobre una pista caliente.

—Ah, sí, he visto ese material antes —dijo el viejo proveedor, frunciendo el ceño al mirar una muestra que Selin había traído—. No lo vendo yo, pero hay un nuevo comerciante que ha estado ofreciendo cosas como esa a buen precio. Está causando bastante revuelo entre algunos de nosotros.

—¿Podrías decirnos dónde encontrarlo? —preguntó Emre.

Con las indicaciones del proveedor, Selin y Emre se dirigieron hacia un rincón del bazar donde los comerciantes menos establecidos a menudo intentaban hacerse un lugar. Allí encontraron a un hombre joven, rodeado de materiales que parecían exactamente los mismos que las imitaciones.

Al acercarse, Selin sintió cómo la tensión se acumulaba en su pecho. Estaba a punto de enfrentarse al posible origen de sus problemas, y la idea de lo que podría descubrir la llenaba de un nerviosismo anticipado. Emre, notando su ansiedad, le ofreció una sonrisa tranquilizadora.

—Estamos en esto juntos, Selin —le aseguró—. Vamos a averiguar la verdad.

Con determinación renovada, Selin asintió y ambos se prepararon para confrontar al comerciante, sin saber que esta conversación sería solo el comienzo de un descubrimiento mucho mayor.